domingo, 18 de marzo de 2018

Memorial Democrático de la ciudad



Dar una definición de “memorial democrático de la ciudad” se hace harto complicado cuando debería existir un acuerdo común que lo clarificara. Definir un “modelo de memorial democrático de la ciudad” puede ser un reto admirable en el que la historia de sucesos, lugares y desde luego víctimas pueden convertir a una ciudad en un espacio de aprendizaje de historia, libertad y democracia.
Descubrir, poner nombre y justicia a las casi 3.000 personas fusiladas en el cementerio del Este madrileño es un punto de partida, la punta del iceberg, sobre el que se viene trabajando desde hace años. Nada nuevo, y como ya dijimos en su día, insuficiente. Un “relato”, como ahora gusta llamar, indigno de un gobierno “del cambio”, donde su responsable en la materia, Mauricio Valiente, se pliega a quienes tratan de dar carpetazo al asunto, de la mano del PP, en un extraño ejercicio de ingeniería contable: los muertos de unos por los del otro. En tales circunstancias, cuando ya pensábamos que había desaparecido por inacción, salta de nuevo al ruedo el Comisionado de la Memoria Histórica con su “propuesta final”: igualar a todos en una sola lista. ¡Sólo les ha faltado incluir en la lápida “Caídos por Dios y por España”!. A inclusivos que nadie les gane.
Víctimas hubo muchas, contándose por decenas de miles las personas, naturales o residentes en Madrid, que sufrieron las consecuencias de la dictadura. Víctimas del franquismo fueron todas aquellas personas que sufrieron las consecuencias de una sublevación militar sostenida por la Alemania nazi y la Italia fascista, de la posterior guerra y de la dictadura. Víctimas mortales del franquismo fueron, evidentemente, las 3.000 personas cuyos nombres y apellidos recoge el informe presentado recientemente por el Ayuntamiento madrileño, pero también quienes cayeron en “la defensa de Madrid”, los “desaparecidos”, los ejecutados en el cementerio Sur (Carabanchel), los “paseados” por El Pardo, los muertos en los centros de detención y tortura que jalonaban la ciudad (“todo Madrid era una cárcel”, se ha llegado a escribir), en el exilio, en los campos de concentración, etc. Mención especial merecen los niños y niñas muertos en prisión, cuando no asesinados en comisaría. Mercedes Núñez recoge en Cárcel de Ventas, el testimonio de una presa que había perdido a su hija: “Hubo una epidemia terrible y, sin higiene ni cuidados ningunos, los niños se morían como moscas. Seis o siete por día y a veces más. Como no sabían qué hacer con ellos hasta el momento del entierro, amontonaban los cuerpecitos en un retrete. Las ratas acudían a devorarlos y las madres, para impedirlo, hacíamos guardia”. En Madrid no se mataba sólo frente a un paredón; la forma de exterminio era múltiple y se practicaba con despilfarro. Y están también los madrileños muertos en otros lugares como Mauthausen o luchando en la Resistencia (si, con R mayúscula) contra los nazis en la URSS, Francia y España. ¿Acaso no hemos de recordar a Ramón Vía, un vallecano asesinado en Málaga, o a Cristino García, héroe nacional francés, enterrado en Carabanchel? 
También Madrid fue víctima, cuando se pretendió anular su “memoria democrática”, arrasando lugares como la cárcel de Ventas o Carabanchel, por sólo citar algunos de los más significados. Y qué decir de la antigua Dirección General de Seguridad, la siniestra DGS?
A pesar de todo Madrid, sus vecinos y vecinas, no se rindieron. El 28 de marzo de 1939 entró el ejército de Franco, y con él la barbarie, pero los madrileños supieron responder, luchando contra el franquismo desde el día siguiente: en las cárceles y en las calles, frente a los consejos de guerras o el TOP, intentando recomponer las antiguas organizaciones político y sindicales (PCE, PSOE, CNT, UGT, etc.); en las fábricas, con un potente movimiento obrero en torno a CC.OO. a partir de los años 60; en los barrios, con grupos cada vez más activos que darán origen a las asociaciones vecinales en los 70; el papel del Movimiento Democrático de Mujeres y su lucha por la igualdad, el movimiento estudiantil, etc. Un movimiento a favor de la libertad que es necesario poner en valor. Miles de hombres y mujeres cuyo nombre no debieran borrarse de la historia, según señalaba Julia Conesa, una de las Trece Rosas, momentos antes de ser fusilada.
Nos acercamos así a lo que debiera ser el Memorial Democrático de la ciudad, expresión del papel jugado por el pueblo en la lucha por la libertad y la democracia en España, desde 1931 a 1978 o, dicho de otro modo, desde la Constitución de la II República al momento en que se aprobó la actual Constitución Española.
Para ello desde la Plataforma la Izquierda hoy hemos empezado a andar propiciando un acuerdo de los equipos nucleados en torno a La H/historia en la memoria y MadridMadriz para elaborar y publicar el Memorial Democrático [Antifranquista] Madrid 1931-1978.

Plataforma la Izquierda hoy
MadridMadriz
La H/historia en la memoria

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